¿Aumentan los delitos económicos o la conciencia de las organizaciones?

Alfredo Hernández

Alfredo Hernández

Socio de Forensic Services, PwC México
Alfredo Hernández

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La Encuesta sobre Delitos Económicos 2018 – Edición México, elaborada por PwC, reveló un incremento del 37% al 58% en el número de empresas que fue víctima de alguna forma de fraude, corrupción, soborno, lavado de dinero, cibercrimen y otros delitos en los últimos dos años.

 

 

 

 

 

Ante este dato, cabe preguntarse si el crecimiento en la tasa de delitos económicos se deriva de una mayor detección, si las organizaciones están siendo más vulnerables, o si las mismas han cobrado mayor conciencia sobre el tema. En este sentido, la gran mayoría de las organizaciones en México (87%) respondió que cuentan con programas formales de cumplimiento, y el 41% afirma que aumentó su inversión en prevención en los últimos dos años, lo cual pareciera indicar que el alza observada en la tasa de delitos tiene que ver con la difícil tarea de detectarlos y prevenirlos.

Sin embargo, también vale la pena preguntarse cuál es la magnitud real del problema. Por ejemplo, menos de la mitad de las organizaciones que cuentan con un programa de cumplimento confirmaron haber llevado a cabo al menos una evaluación de riesgos en los últimos dos años, lo cual es esencial para asegurar que el diseño de dichos programas sea efectivo.

La ética y la transparencia, armas valiosas contra el delito

Implementar programas de ética y cumplimiento bajo un enfoque de riesgos, así como impulsar una cultura corporativa de altos estándares éticos, no solo mediante mensajes sino también a través del ejemplo de la alta administración, abrirá las puertas al desarrollo en los negocios, mediante el fortalecimiento de la reputación y prestigio de las organizaciones.

La capacidad de las compañías para minimizar los riesgos y materialización de delitos económicos requiere un plan integral que contemple acciones disuasivas, preventivas y detectoras  así como protocolos robustos de investigación y sanciones. Una actitud reactiva, sin planeación y solo ante problemas específicos, debilitará la respuesta y usualmente tendrá un efecto negativo en las operaciones de la organización.

El factor humano es imprescindible en un sistema funcional de prevención. Las decisiones que tomen tanto la alta administración como el staff pueden marcar de por vida a una organización, ya sea positiva o negativamente, por lo que es vital desincentivar la comisión de cualquier delito por medio de cambios estructurales en las empresas, de tal manera que se combata no solo la oportunidad para cometer delitos, sino también la racionalización y las presiones que pueden motivar a una persona para perpetrarlo.

La tecnología y la ley del más fuerte

Estamos viviendo en un mundo cada vez más digital e interconectado, donde las decisiones humanas se apoyan cada vez más en procesos y herramientas avanzadas que han traído enormes beneficios a la sociedad, a las empresas y al gobierno. Pero no debemos perder de vista que, así como la innovación tecnológica crea un ecosistema propicio para el crecimiento, la competitividad y prosperidad, también puede ser usada como un campo fértil en donde proliferan hoy en día amenazas cada vez más intrusivas y de mayores consecuencias, debido, principalmente, al grado de planeación y sofisticación que los criminales han alcanzado al perpetrar sus ataques.

 

 

 

 

 

 

Si bien la tecnología ha mejorado la resiliencia de las empresas y facilitado sobremanera procesos que sin ésta no podrían realizarse, los riesgos de la apertura digital e interconectividad son cada vez más altos, principalmente si no se presta la atención debida a la gravedad del problema, y si no se incorpora un componente de prevención como parte central de la estrategia de negocios de las organizaciones.

Recordemos que, si bien hay un ejército de personas resistiendo los embates de las actividades ilegales, del otro lado se hallan individuos que tratan, por todos los medios posibles, de perfeccionar sus ataques e intrusiones, y así armar complejos esquemas para permanecer indetectables.

Por estas razones, es tarea de las organizaciones identificar las oportunidades y los retos que este entorno trae consigo. La ética y la transparencia serán fundamentales en su estrategia y marcarán, sin duda, una evolución que les dará la ventaja competitiva que necesitan.

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